viernes, 13 de febrero de 2015

Manos abiertas


GG
Solté la orilla y me adueñé del mar,
ahora no soy de aquí o de allá,
soy sal.

RUNAWAY TATTOO



Traficada , golpeada, vejada,
un alma sin huesos.
Un escombro de la noche,
con el que se tropiezan
drug dealers, maridos infieles,
solitarios, infectados,
Sebastián y Scott.

La esquina,
el semáforo en verde,
la parada de autobús.
La preferida de daddy,
una piel marcada, vendida
y usada.

Dos piezas de un Pica Pollo,
atravesando Biscayne Boulevard,
un diente roto y un ojo morao.

Un carro con vidrios tintados,
un fluido de homeless,
luces y moteles.

El uniforme olvidado
para no ser delatada,
una sábana estrujada.

Treinta dólares la hora
controlados por un celular,
rogando a un Dios que no conocen,
cumplir la cuota, para terminar.

Una apestosa basura
que se pone en cuatro,
en cinco o en seis contenedores
para ser triturada.

El sudor de papi
en la madrugada,
el silencio de mami en la mañana,
la traición, la disfunción.

La runaway del barrio,
la mercancía
de Atlanta, de Chicago
y de otros 3 estados.

La muchachita
que se chupa el dedo,
un nombre tatuado,
sin ID, ni pasado.

Eso soy.

martes, 11 de junio de 2013

EL DIVORCIO



 Acostada de espaldas en la cama, siendo torturada por aquel horroroso vestido verde y  morado, yacía el voluptuoso cuerpo de Rosa, su prima sentada sobre sus nalgas trataba de subir a toda prisa,  aquel maldito zeeper que no subía por más que la modista había entallado su creación.

-Rosa no respires, no respires, echa los hombros hacia atrás
-Me voy a partir en dos carajo!
- No protestes que no es hora de esta vaina, nos va a coger la hora, ya llamaron del lobby que ya vinieron a buscarnos.
- No puedo más, esto no sube.
-Pues tiene que subir, como que me llamo Teresa que eso sube.

Cinco minutos más tarde Teresa hacía su mejor esfuerzo por ocultar las chambras que servirían de cierre para el vestido strapless que conduciría a Desiree al altar.

Ya en el automóvil que las transportaba a la iglesia, Rosa trataba de respirar lo menos posible para que no salieran volando las chambras y los alfileres por temor a herir a alguien a su alrededor, más que sentada iba recostada, haciendo equilibrio  y sin hablar.

Hacía un mes que Don Gustavo había dicho a su hermana que no estaba de acuerdo con la boda, pero Desiree se había empeñado en no quedarse jamona, algo imperdonable en una joven de 27 años residente en una isla, donde todo está mal y donde las apariencias llevan de la mano a las personas hasta confrontarlas con sus mares.

Llegando a la puerta de la iglesia  podía divisarse a la bella joven que se desposaría, con flores en las manos, más no en la boca.

- Coño Rosa, hasta a mi boda llegas tarde!
- Aquí estoy eso es lo que cuenta, vamos, desfilemos, sonríe que hoy es tu noche.

La música, los invitados y los pajes flotaban en el ambiente, bajo la mirada atenta del cura que esperaba en el altar junto a un Cristo que crucificado, abría sus brazos a la nueva pareja.

Rosa  más sumida que nunca y con los hombros tiesos desfila, la siguen su padre y su hermana disfrazada de futura mujer divorciada.

Los pajes entorpecen una que otra vez el transcurso de la ceremonia, provocando risas entre los invitados, la futura suegra de Desiree llora a mares la pérdida de su bebé de 32 años, mientras que la madre de Rosa y de Desiree sonríe dando por finalizada su labor de crianza.

Horas antes de la puesta en escena de aquella obra maestra realizada en la presencia de Dios, Rosa había pasado todo el día decorando la iglesia y el antiguo museo de la zona colonial donde se llevaría a cabo el brindis nupcial, por lo que agotada,  no agradeció el largo sermón del padre Víctor.

Sentada como pudo en la silla que se había reservado para ella en la ceremonia, pudo observar a cada uno de sus familiares, y se maravilló de que todos compartieran ese feliz momento sin que se produjera alguna pelea entre ellos, que siempre se sacaban en cara problemas que habían tenido cuando vivían en la Vega y rondaban los diez años de edad.

Terminada la ceremonia Rosa hace un esfuerzo sobre humano por ponerse en pie, mientras se encuentra atorada en aquella tela estranguladora, al fin logra pararse, desfilar detrás de su hermana y recibir los abrazos de los tíos, amigos, primos y demás familiares de ella y del ahora esposo de Desiree.

La madre de Pablo ni la mira, está con los ojos hinchados de llorar, su cara cuando firmó como testigo, le habían revelado a Rosa que su hermana no pasaría un buen matrimonio, pero eso lo pensaría más detenidamente en otro momento, cuando no estuviera sin aire y luego de que pasara la celebración.

En el Museo todos bailan y celebran la unión de los jóvenes recién casados, Doña Milagros reza un rosario para que ningún familiar se de un jumo y dañe la recepción, plegarias que son escuchadas por la santísima virgen, quien amema a los presentes y logra que no se arme la que se arma cada domingo, cuando se junta la familia en alguna casa para comer y discutir.

Desiree lanza el ramo de novias y Rosa se esmera en atraparlo, pero el vestido la atrapa a ella y Esperanza logra la promesa de un próximo casamiento, aún sin tener novio.

Los desposados se despiden y se van de luna de miel, dejando a todos bailando y criticando cada detalle de la boda, que si pocas flores, que si muchas flores, poca comida, poca bebida, que si mucho gasto, que si el vestido o la música.

Rosa llega a la casa con sus padres y Doña Milagros pasa la próxima media hora desenganchando chambras y puyando la espalda de Rosa, quien luego de ser liberada por el opresor vestido cae redonda y desnuda en su cama.

Esa noche sueña con su hermana siendo feliz y con los ojos hinchados de la suegra llorona hasta que despierta con un sobresalto a pocas horas de haber logrado el sueñito.

A escondidas de sus padres, sale al balcón a fumarse un cigarrillo. Mirando al cielo empieza a contar estrellas y a elaborar en su mente la boda que quiere para ella. Definitivamente no quiere a una suegra con ojos hinchados ni vestidos verdes con morado.

Sin darse cuenta, sale el sol y los gallos de la Casa San Pablo, ubicada a pocos metros de su apartamento, empiezan a cantar. 

Alguien debe estar en ese momento haciendo algún retiro espiritual en aquel lugar, pero su hermana segurito que no está rezando.

El olor a café la espabila y entra a la casa.

-Altagracia, hazme un desayunito por favor.
-Ya le hice este huevito y este café con leche, niña.
- Gracias
- Cómo le quedó la boda a Desiree?
- Muy Bien Altagracia, el vestido casi me mata, no me va a servir nunca, creo que a ti te serviría.
- Pues démelo que yo me lo pongo.
- Está en mi cuarto, llévatelo hoy cuando vayas para tu casa.
- Gracias mi niña.

Desde ese sábado, el vestido convertido en minifalda por Altagracia, no se cansó de bailar bachata en una discoterraza de su pueblo, mientras que los  ojos de la nueva esposa, se convirtieron pronto en los ojos llorosos de su suegra, que esperaban sin resultado a que Pablo llegara temprano a casa.


miércoles, 29 de mayo de 2013

Junot Díaz, Doctor Honoris Causa con una isla chiquita en el mar de su alma


Entrevista a Junot Díaz
"Creo que es muy difícil que un ser humano se entienda a si mismo. A veces solo entendemos un pedacito de nuestro Corazón,  alguien como Yunior es como el Caribe, el tiene esa isla chiquita en el mar de su alma y el entiende algunas cosas, pero gran parte de su corazón es oscuro, el no lo conoce bien, no conoce bien  sus motivaciones y a veces tampoco entiende sus deseos."

Ver entrevista en Dominicana en Miami:http://dominicanaenmiami.com/?p=328

miércoles, 8 de mayo de 2013

Hanger

Después de varios meses tratando de arreglar mi closet, por fin saqué las fuerzas para hacerlo.

No es que tuviera que hacer un gran esfuerzo físico para sacar la ropa que ya no uso, o los zapatos que regalé a Letty para que los mande a Nicaragua, no, se trataba más bien de una fuerza interna que me permitiera enfrentar cada recuerdo que colgaba de los ganchos.

Lo primero que noté ese día, cuando entré al estrecho cuartito fue la oscuridad de aquel lugar lleno de  trapos saliendo por todas partes, los sombreros rebozando unas cajas redondas que ya no cerraban y cuyo print de flores parecía volar pétalo a pétalo entre los estantes de madera.

Antes de empezar a remover cada una de las piezas, me senté en medio de todos esos momentos que necesitaban despedirse, allí  estaba aquel vestido blanco, saliendo solo un poquito, como si quisiera esconderse de mi para no abandonar mi entorno.

Lo observé fijamente sentada desnuda en aquel frío suelo, hasta que decidí levantarme para poder tocarlo.

Al sentir su textura me conmoví y recordé cómo volaba aquella noche entre las luces de una ciudad desconocida, como saludaba alegre a los transeuntes  mientras esperaba ansiosa la llegada de alguien importante.

Ahí estaba el, mirándome con asombro, quizás con pena, y yo cerraba mis puños para que no se escapara aquel instante.

Saque fuerzas para abrir mis manos, para dejarlo caer en una caja  junto a otras prendas menos importantes, sabiendo que una vez
saliera de casa jamás volvería a toparme con el, jamás tendría su forma precisa dibujada en mi memoria, porque con el tiempo cada uno de sus hilos se destejería hasta borrarse.

Sin mirarlo cerré la caja y la saqué del closet.

Y esa fue la última vez que supe de aquel vestido comprado en Zara hace unos 4 años, estoy segura que hoy viste el cuerpo de  alguien que no conozco, en un lugar que no conozco, ese era su destino.

Yo tengo un closet más espacioso y más iluminado que antes, aunque nunca será el mismo, algo se extraña en ese gancho vacío.







domingo, 28 de abril de 2013

Picnic


Las ramas secas
cantan 
primavera.

Tu y yo nos perdimos
entre tanta flor que abría
y el ruido de las aves.

Entre  trenes verdes 
que a prisa 
transportaban
historias ajenas.

Me habría gustado
ir de picnic contigo,
recostar nuestras miradas
sobre un mantel de cuadros,

caminar por Central Park
junto a los niños
que hacen cometas
desafiando la brisa.

Si lo hubiéramos hecho
no importarían ahora
las ramas o sus hojas. 


domingo, 14 de octubre de 2012

RESIDENT

Miami no volvió a ser 
ese lugar que conocí
cuando era turista,
un mall de caras alegres
y despreocupadas.

Miami se convirtió lentamente
en el pantano
donde se hunden  los sueños
de miles de hispanos, 

que esperan desde aquí
llegar a los Estados Unidos.

Una ciudad de silicón
con un sol incapaz
de derretir
viejas revoluciones.

Una  escuela llena de
niños argentinos,
venezolanos
cubanos,
colombianos,
Brasileños,
dominicanos
y dos gringo.

Miami de todos y de nadie
flotando entre canales,
campos de golf 
y lagos  artificiales.

Un set de filmación de Univisión,
un Telemundo
sin actores secundarios,
protagonistas tatuados 
con salsa, merengue y reggaeton

Desde el palmetto,
los warehouses saludan las prisas,
en el turnpike
los nortes permanecen quemados.

Desde esta calle de Doral,
las vacas no dicen ni mú.

No,
Miami no volvió a ser el mismo
desde que saqué la residencia
y me robaron el carro.


 
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