
Desde que crucé la frontera de ser quien era y ser quien un día seré, me perseguía un sentimiento de flotar entre las vidas de los cubanos, los venezolanos, los colombianos y los 3 norteamericanos que pueblan Miami.
Este sentimiento se agravó la última vez que pisé suelo dominicano, una tierra que como Cristóbal Colón contemplé con ojos nuevos luego de estar casi un año sin pasar por esos mares.
Lo primero que me Saludó al llegar, fueron las dos horas de espera afuera del aeropuerto a causa del tapón que no dejaba llegar a Carolina y que en cambio me regaló la plática con una dominicana que tenía 7 años sin ver la isla.
–Muchacha, eto si ha cambiao, pedí un teléfono pretao pa llamar a Niurka y el hombre me preguntó que cuanto le iba a dar. Ya aquí no se hacen favore!
_ No se preocupe doña que es que hay un tapón en las Américas.
- Ah! Y tu de donde eres?
- De aquí, de Santo Domingo
- Yo soy de La Vega, tenía tanto que no venía, lo primero que voy a hacer e sir pal río a beber con unas primas, no las veo desde que me fui con los papeles de mi hermana.
- De su hermana?
- Si, allá en la Vega Papo sellaba los papeles y mi hermana y yo eramo igualita. Ahora yo tengo 25 libras de más, pero antes parecíamos mellizas.
Nunca me ha gustado el río, me parece demasiado vulgar un hilo de agua, que se entromete en la tierra y que sobre sus rocas acoge a los bebedores de romo de los pueblos.
Ya montada en el tapón de ida a Santo Domingo, una vista intensamente azul se toma de la mano con limpiabotas, heladeros, amantes que se besan en banquitos, coqueros, carros destartalados y yipetas.
Mi estadía en la isla esos días, fue como el mismo tapón que me recibió,
¡Cuanto trabajo da todo en mi bello terruño!
Llegar de la Churchill a la Kennedy, sacar un acta de nacimiento, ir a cenar sin que te asalten, hablar con alguna amiga que conociste hace años, sin encontrar respuesta a la pregunta: Cómo diañe era amiga tuya alguien con dos cucaracha en la cabeza? (una muerta y otra en coma).
Por otro lado los padres, los sobrinos, los verdaderos amigos, el bizcocho con mucho suspiro de Pastelería del Jardín, los desayunos en Panavi, las calles sucias pero llenas de recuerdos de tu niñez, la vieja iglesia, la inocencia perdida, los amores ahora divorciados, los poemas sin escribir.
5 días después, el tapón de la tarde me devuelve a un avión de American Air Lines que me transporta al Nuevo Mundo que me acogió hace mas de 500 años, en el que floto más que nunca sintiéndome sin patria, sintiendo que no soy de aquí, ni de allá, sino de un mundo muy mío donde gravito entre lo que debo ser y lo que quiero ser.
Nuevas amistades, nuevas calles, nuevas historias llenan mis dedos al teclear versos en mi computadora.
Ya en casa, recibo una llamada, sin necesidad de escuchar el sermón del cura que tanto extraño, el mismo Dios de la isla, a través de Frank me dice:
¡Tu patria es la poesía!